NACIMIENTO DE UN SUMISO PARTE 6

No creo que nunca antes hubiera estado tan avergonzado. Era sábado, y demoré lo que pude el tiempo habitual de la ducha, el afeitado, la consulta del mail… todo con la esperanza de recibir una contestación a mi deplorable confesión. ¡Al menos había cumplido diciéndole la verdad a María! Me había corrido como un niño pequeño en la cama. ¡Qué vergüenza! Comprendía perfectamente que, si bien María no tenía en muy alta estima mis capacidades sexuales, aquello superaba con creces cualquier demérito que hubiera imaginado. ¿en qué lugar quedaba yo después de eso?

El mensaje no llegó, así que salí a la calle a desayunar en el bar habitual. Entré taciturno y ni siquiera saludé a Juan, el propietario. Me trajo mi café: “Trae también un zumo de naranja”.

 Ya había empezado a ojear la prensa cuando oí el aviso de entrada de mensajería del móvil: “JAJAJAJA…me imaginaba algo así. Nene malo. Nos vemos el lunes y no olvides comerte bien todo lo que haya en las braguitas”. Claro está. Ella sabía que yo era un adicto onanista. Algo que me convertía en un inútil. Alguien solamente capacitado para cumplir con las obligaciones de su vida en los intervalos de tiempo que había entre masturbación y masturbación. Y como para cualquier otro, la lógica de la adicción conducía a querer siempre más, hasta el punto que los intervalos de tiempo se iban acortando. A pesar de eso yo mantenía un relativo control, pero ¿qué pasaría si alguien le diera al interruptor o pusiera un cebo demasiado goloso? Con esas braguitas, María, había disparado el gatillo. El dominio que demostraba de la situación contribuía a excitarme más. ¿Cómo era eso posible? Acababa de levantarme con los calzoncillos empapados y con resaca, y sin embargo volvía a estar tremendamente excitado. Es cierto que tenía los testículos vaciados y que me dolían de haber pasado la noche atado con los cordones, pero claro, a María casi no la había ni tocado. Mi sexualidad estaba furiosa y yo revuelto. Mi cabeza solo proyectaba braguitas, braguitas, braguitas, las braguitas. Me acabé el café de un sorbo y dejé medio bocadillo en la mesa. Sí, iba como un poseído a encasquetarme esas braguitas y comería hasta el último rastro de flujo y corridita de María.

Cuando estaba llegando, vi sentadas dos chicas jóvenes justo en un banco que está enfrente del portal de mi casa. Tendrían veinte años justitos. Tenían pinta de estudiantes. Me detuve a mirarlas disimuladamente. Iban con poca ropa. En primavera aquí las temperaturas suelen ser ya muy agradables. A veces aún me sorprende la indumentaria común en las chicas jóvenes. Veo a menudo pantaloncitos recortados justo por debajo de los bolsillos -a veces los bolsillos salen por debajo de los shorts-, tacones altísimos…todo confabulándose para elevarlas en un altar de sexualidad, de cuerpos tersos que impiden a todo hombre pensar más allá de un deseo rotundo, incontestable. Pequeñas diosas tersas en equilibrio entre la fragilidad y el poder, la vulgaridad y una verdad como puños sobre el sentido del mundo. Pero en aquel entonces, la ropa de las chicas que nos  habla de un modo tan transparente del poder de esa energía de los púberes -que amenaza con quemar poblados, fornicar hasta el amanecer con amigos y enemigos, y asesinar viejos y parientes- no era aún tan usual.

La una vestía una faldita que le cubría hasta la mitad de muslo, sin medias ni leggins, y calzaba unos botines de ante marrón claro de tacón bajo. Tampoco parecía que llevará calcetines. Imposible para cualquier fetichista en  mi estado no pensar en cómo le sudarían los piececitos. Morena, delgadita, pelo largo con ondulaciones y una simple camiseta de tiras blanca. Orientaba su cuerpo hacía su amiga para charlar mejor y cruzaba una pierna por debajo de la otra, flexionada la rodilla sobre el banco. La otra chica tenía el pelo castaño muy claro. Muy guapa y del mismo estilo. No muy alta pero esbelta. Tenía los pechos más grandes y redondeados, y se le marcaban muchísimo bajo una camisa ceñida de algodón blanco que llevaba abierta por el escote -probablemente tres botones- y por debajo, de manera que se le veía la hebilla del cinturón sobre la que reposaba un piercing que debía colgar del ombligo. Se enfundaba unos jeans gastados azul claro. Tenía varias rasgaduras entre la cadera y la rodilla, y eso permitía entrever su piel tersa aún blanca. Llevaba unos zapatos negros de tacón muy alto, tan abiertos en la puntera que se podía ver el inicio de sus deditos. Me gustó el tattoo floral que le recorría el empeine hasta meterse por el lateral del zapato. Eran, sin duda, dos universitarias ociosas, escuchando música con el móvil sin auriculares, algo que por lo general me molesta.

El caso es que conozco este tipo de chicas. Guapas, listas -sin exagerar-, desinhibidas, acostumbradas a recibir atenciones de los chicos, que siempre les pagan las copas en la disco. Asisten a las clases, pero no siempre. Les chifla ir de compras, pero tienen poco dinero, porque ni piensan en trabajar y lo fían todo a papá, que obviamente las consiente. No diré que no lo entienda.

Lo que pensé fue que estaba seguro que si iba hasta ahí y les daba un poco conversación -la suficiente para darles tiempo a escanearme y considerar que no soy un loco- podría pedirles algo a cambio de un poco de dinero. Al fin y al cabo, han visto cosas parecidas en los videos de youtube, en los chats, revistas y discotecas de la costa. De algún modo, no es para ellas tan extraño como para mí, pensé. Seguramente se lo puedo vender incluso como algo simpático y atrevido que poder contar. En eso estaba pensando cuando se dieron cuenta que las miraba, y se sonrieron. Yo quería ir, hacerme el simpático (lo sé hacer) y acabar diciéndoles que se me había ocurrido algo muy loco; que me podían vender sus braguitas o, en caso de ver que entraban en el juego, invitarlas a subir a mi piso y pagarles por algo tan inocente -sí, diría inocente- como dejarme besarles les pies. En ese instante de trastorno momentáneo, me pareció perfectamente plausible. Pero tenía que decidirme. Lo que no podía ser era seguir ahí, a pie parado…entonces sí parecería un pervertido. Iba a acercarme cuando tuve una brizna de lucidez -no en percibir el riesgo, pues estaba demasiado erotizado; sino en relación a María-. Era evidente que, objetivamente hablando, ella era solo una escort con la que había cenado un día. No tenía ningún compromiso con ella. Solo había sido el detonante que me había empujado al borde del trampolín y parecía obvio que ya solo podía saltar…pero aceptada parcialmente mi condición ¿lo haría abocándome ya sin cortapisas a las páginas fetichistas de internet, los chats eróticos y la compra de prendas usadas por niñas en la red o en la calle como estaba a punto de hacer? ¿O bien me lanzaría a los pies de María, en busca de una novia que me tuviera comiendo de su mano y abandonado a su gracia? Me metí en el portal. Con la última mirada que les lancé a las chicas mientras me volvía, pude ver a la morena como torcía la boca masticando su chicle y la castaña mirándome. Con sus gestos ambas decían: “Mariquita”.

Entré en casa y me fui abatido a la cama. Lo primero que vi al cruzar el umbral del dormitorio fueron las braguitas de María sobre la cama sin hacer. Creo que estuve a punto de llorar de la excitación. Y por si no estuviera ya demasiado alterado, un WhatsApp de ella: “sts en casa? / sí / kiero q te ates los huevos / Ok / Vale brgas n la cabeza :: chupa :: keda jugo? / Sí, esta rico :: más sólido:: más fuerte / jajajaja :: comebragas :: no s si kiero un novio como t / por favor no digas eso / jajajaja :: tócate, cerdito“. Empecé a masturbarme lentamente. Relamía las braguitas por la entrepierna que tenían un sabor más agrio. Agradecí que hubiera hecho pequeños grumitos. Yo los recogía con la lengua y degustaba hasta que se deshacían en mi boca. “Aora prueba tu preseminal“. Me llevé una gota de la punta del penecito a los labios. “T vendra bn reconocer ese sabor :: te koreras = q una nena / Ahhhh si /Eres muy marrana :: stas listo???“. Sí, lo estaba, la cabeza me daba vueltas; mi penecito se estiró, un brinco ridículo para emular una polla. “2 deditos masturbate cn 2 deditos / Siiii, María, siiiiiiiii :: quiero correrme / UMMMM :: escribe esto: soy un comebragas y te quiero / soy un comebragas y te quiero!!! / Me quieres? Me quieres de verdad, ehh? / Si, te quiero, TE QUIERO!!! / KORRETE CERDITO!!!!!! EN EL SUELO CORRETE N EL SUELO!!!!”.

Salté de la cama, me arrodillé en el suelo, eyaculé soltando mucho semen para hacer tan pocas horas que me había corrido y manché la pared de enfrente…la pequeña muerte se apoderó de mí y caí al suelo revolcándome aun con algún espasmo. Noté la flojedad de mis músculos…pasados unos minutos pensé en levantarme para ir a por un vaso de agua. Entonces llegó un último mensaje. Hice un esfuerzo para leerlo, porque aún tenía lucecitas en los ojos: “Q pases bn fin de semana :: jajajaja :: no vemos el lunes :: traerás un regalo, supongo”. Obviamente, no había signo de interrogación en su última frase.

(Continuará…)

SESIONES DE DOMINACION SKYPE 803 WEBCAM

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